Una máscara es un objeto que utilizas para tapar tu rostro, esto lo sabes muy bien, pero quizás desconozcas qué son las máscaras emocionales, a pesar de que te han acompañado desde muy pequeña. Según Murray Stein, la máscara emocional es el rostro con el cual te presentas al mundo social que te rodea. Es la forma en la que quieres que te observen y te reconozcan.
La máscara te permite ocultar tu verdadero yo y tu esencia. Y se la conoce como fachada, coraza, personaje o «yoes», entre otros; tú llámala con el nombre con el que más te identifiques. La máscara emocional se va formando desde la infancia, a partir de nuestras vivencias y también de la influencia de los patrones, creencias y pautas de nuestros padres, profesores, amigos… sin olvidar el entorno social y la cultura del país.
La utilizamos de manera inconsciente para cuidarnos, protegernos y garantizar nuestra seguridad y supervivencia. También la utilizamos para ser vistas, reconocidas y amadas por los demás en cualquier situación personal, familiar o laboral. De igual modo, la utilizamos para ocultar nuestros miedos, como una protección inconsciente para que los demás no vean quiénes somos realmente y así evitar sentirnos vulnerables.
Algunas de las máscaras más comunes son: la niña buena, la guerrera, la salvadora, la sufridora, la dura o chuleta, la eternamente feliz, la graciosa (yo solía pertenecer a este grupo), la cariñosa (a este también), la agradadora, la manipuladora, la orgullosa, la silenciosa, la sabelotodo, la insaciable, la interruptora, la envidiosa, la trabajadora (también llevé esta máscara por mucho tiempo) … Algunas de estas máscaras nos acompañarán toda la vida, a menos que las eliminemos. Si no lo hacemos, se irán reemplazando o superponiendo de manera natural, o se fortalecerán con el tiempo y seguirán dirigiendo nuestras vidas.
Si las máscaras que has mantenido hasta la edad adulta te llevan a la infelicidad o al vacío, puedes transformarlas. A continuación, te compartiré algunas ideas que puedes utilizar si deseas darle un giro a tu vida. Ten en cuenta que es un proceso lento, pero se puede lograr si apuestas por ti misma.
Un indicio para descubrir una máscara es observar qué hacemos de manera automática, sin detenernos a escuchar nuestro interior, o qué nos hace reaccionar rápidamente (muchas veces ni siquiera nos damos cuenta de lo que hemos hecho, dicho o dejado de hacer).
Otra forma de descubrirla es preguntar a personas de nuestra confianza qué máscaras ven en nosotras (consulta solo a aquellas personas que te aportan luz). Si tienes hermanos, recuerda cómo eran vuestras discusiones cuando erais pequeños, cómo se metían contigo. Esa es otra forma de descubrirte. Te decían: «eres una chivata», «eres una llorica», «siempre te haces la víctima», «eres una pelota» …Más allá de la riña normal entre hermanos, ellos podrían haber visto tus artimañas y manipulaciones inconscientes.
Para eliminar las máscaras que ya no deseas tener, el primer paso, según mi experiencia, es tomar la decisión de cambiar. Esta es la clave del éxito en todo proceso de transformación.
Date cuenta de que todos tenemos máscaras, es parte del ser humano. No eres rara ni te pasa nada malo. Observa tus reacciones automáticas, tanto en tus acciones como en tus palabras. Descubre en qué situaciones tiendes a desplegar más esas máscaras, con quién y por qué. Por ejemplo, yo utilicé la máscara de la hija cariñosa con mi padre para que él siempre tuviera esa percepción de mí, ya que soy la pequeña de tres hermanos y quería asegurarme mi lugar en su corazón. Hoy en día, aunque sigo siendo cariñosa, lo hago desde otro lugar más auténtico.
Es importante que seas paciente, ya que estas máscaras están integradas en ti desde hace muchos años. Paso a paso, lograrás cambiarlas o eliminarlas por completo, para que ya no dirijan tu vida. Cuando te pilles usando esas máscaras, sé tolerante contigo misma y háblate con cariño y dulzura, como lo harías con un buen amigo. Acéptate tal y como eres. Recuerda que siempre lo has hecho lo mejor que has sabido. Felicítate y honra tus logros hasta el día de hoy gracias a esas máscaras. Por ejemplo, yo llevaba la máscara de la trabajadora incansable para ser vista y aunque eso afectó gravemente mi salud, gracias a ella he mantenido una economía estable hasta la fecha.
Quiérete por lo que realmente eres, no por la imagen que los demás tienen de ti. Eres una persona única, perfecta y maravillosa así, tal cual.
Cuando las máscaras se caen, se abre un mundo nuevo ante tus ojos, ante tus familiares y amigos. Te sientes más libre, más ligera y auténtica. Es posible que algunas personas se alejen porque te notarán distinta, no entenderán qué te ha pasado. Dirán cosas como: «Ella no era así». Y tendrán razón, ya que con tantas máscaras, no eras tú, eras la persona que los demás querían que fueras. Y eso se acabó. Ahora es el momento de ser tú mismo y ser feliz. Y aquellos que quieran estar a tu lado serán bienvenidos al club de las personas auténticas. Empezarás a valorarte y valorar a los demás por como son, por su esencial y naturalidad.
Desde tu propio aprendizaje y autoconocimiento, podrás ver las capas de protección de los demás y te volverás más tolerante y compasiva con ellos .Conviértete en una observadora y descubrirás las sorpresas que te esperan en tu día a día.
Una herramienta muy esclarecedora para comprender las capas de protección, máscaras y patrones es el Eneagrama. Hay mucha información disponible en YouTube y en las redes sociales. Investiga y descubre más sobre ti. El autoconocimiento te hará libre.
Por Diana Alí Ocaña
Revisión: Eva Ramírez
